
















A esta premisa no escapa TRANSFORMERS 3: EL LADO OSCURO DE LA LUNA, filme que continúa la eterna lucha entre los Autobots y los Decepticons para salvar o destruir el mundo, respectivamente. Adicional a este hecho que todos conocen, asoma un personaje de importancia vital para héroes y villanos: Sentinel Prime, el mentor del Gandhi metálico Optimus Prime, el cual posee la clave para poner fin a la guerra de los robots extraterrestres y devolver el esplendor que el planeta Cybertron tuvo milenos atrás.
Lo peor es que Optimus Prime ni siquiera tiene un enfrentamiento memorable en este episodio, a pesar de que hay villanos lo suficientemente poderosos para darle la batalla. Es increíble que el perturbador Driller o el archimalvado Megatrón perezcan de un solo golpe propinado por el líder de los Autobots, una acción que no necesitaba ejecutarse casi al final de la película. Si eras seguidor(a) de la serie ochentera, TRANSFORMERS 3: EL LADO OSCURO DE LA LUNA será una caricatura decepcionante que, seguramente, en menos de dos años tendrá su continuación. Claro, siempre y cuando el proceso de oxidación de la franquicia no haya llegado a su fin.
Sin embargo, es EL CISNE NEGRO la película que marca un antes y un después en la carrera de este prolífico cineasta. Y no me limito a la cantidad de premios que está cosechando -los cuales se los merece, dicho sea de paso-, sino a la capacidad de sintetizar en una sola obra los elementos conocidos de su cinematografía como sus personajes perturbados y las situaciones límite que atraviesan para llegar a la redención o terminar de hundirse.
En este sentido, Aronofsky no pudo elegir un mejor escenario para infundir el miedo que una compañía de ballet que prepara una adaptación del clásico "El Lago de los Cisnes" para salvarse del cierre definitivo y, de esta manera, nos introduce al mundo interior de Nina Sayers, una destacada bailarina que tendrá el reto de interpretar al angelical Cisne Blanco como a su malévola contraparte, el Cisne Negro que da título a la película.
Si bien el perfil preliminar -es decir, la fase inocente- del personaje principal le cae como anillo al dedo a Natalie Portman, el espectáculo de EL CISNE NEGRO se concentra en la transformación y en la paulatina destrucción que enfrenta la joven en su búsqueda por lograr no sólo reemplazar a una bailarina retirada (una breve pero brillante intervención de Winona Ryder), sino por descubrir un lado de su personalidad que no ha sido explotado.
Es en este punto donde los personajes de Lili (una bailarina liberal) y Erica (la represiva madre) cumplen con complementar y reflejar, cada una a su manera, la dualidad psicológica que irá exhibiendo la protagonista conforme avanza el metraje, y que se simboliza mediante una fotografía que juega con los tonos blancos y negros para acentuar la elegancia de una clásica puesta en escena y la perturbadora transformación de lo dulce a lo lascivo, que se juntan en el rojo de una noche de discoteca.
Si hay un gran logro a destacar aparte de la formidable interpretación de Natalie Portman y los acompañamientos de Mila Kunis y Barbara Hershey -que recuerdan la tortuosa relación de madre e hija en CARRIE, de Brian de Palma-, ese es el tratamiento austero y exacto para cada una de las escenas, sobre todo en un guion meticuloso que, al estilo de RÉQUIEM POR UN SUEÑO y EL LUCHADOR, destaca la ascendiente locura de Nina que la llevará a una metamorfosis que terminará por consumirla.

La oscuridad, que fue en línea ascendente a partir del segundo episodio, llega a su nivel máximo en HARRY POTTER Y LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE (PARTE 1), primer volumen cinematográfico del capítulo final de la saga, que sirve como el preámbulo de la batalla por recuperar el mundo mágico y el mundo "muggle" de las garras de Lord Voldemort y sus fieles mortífagos.
El sentimiento de derrota y la desorientación por parte de los héroes son los ingredientes principales de esta película, que conviertne en un gran acierto su cargado pesimismo para adentrarnos en el corazón de sus personajes y hacerlos tan humanos, al punto de que no interesan los encantamientos para repeler villanos o destruir maléficos objetos.
De esta manera, el trío protagonista -Daniel Radcliffe, Emma Watson y Rupert Grint- logra llevar sobre los hombros el peso de todo el filme, sin ser opacado por los actores de gran trayectoria como en los anteriores episodios. Sin embargo, cabe resaltar que los roles villanos por fin adquieren la dimensión tenebrosa que no habían demostrado hasta HARRY POTTER Y EL MISTERIO DEL PRÍNCIPE. En este sentido, un irreconocible Ralph Fiennes da vida al maléfico Lord Voldemort que parece triunfar en sus proyectos de conquista; mientras que Helena Bonham Carter se luce como la sádica y desquiciada Bellatrix Lestrange, un personaje que no se vería tan perfecto en la piel de otra actriz.
Pese a que en conjunto HARRY POTTER Y LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE (PARTE 1) es un filme sólido, no se puede dejar de mencionar su gran acierto que deriva, a la vez, en la propuesta más riesgosa de toda la saga. Me refiero a la secuencia animada en la que Hermione narra el cuento de las susodichas reliquias, y en la que no sólo se exhibe la maestría en técnica, sino una elegancia prosaica y visual poco conocida en los trabajos previos de David Yates.
Muchos quizás podrán criticar la excesiva duración o la flojera que el guión exhibe en algunas ocasiones, pero es innegable que junto al tercer y sexto episodio, HARRY POTTER Y LAS RELIQUIAS DE LA MUERTE (PARTE 1) posee las escenas más memorables de la franquicia (algunas demasiado fuertes para menores de edad) y un desarrollo dramático acorde al crecimiento y las matices de sus personajes. Estos se muestran más humanos que nunca, y dejan por sentado de que la magia ya no es un juego de niños.
Mi calificación: 7.3 de 10
¿La razón detrás de este impacto? Una historia simple que no tiene pierde al insertar un tema polémico y muy en boga por estos meses: la relación amorosa entre dos hombres. El argumento ideado por Javier Fuentes-León parte de esta premisa para trasladarnos a una caleta del norte peruano, donde todo el mundo se conoce y en donde el pintor Santiago (Manolo Cardona) y el pescador Miguel (Cristian Mercado) mantienen un romance del que nadie sospecha, porque este último es prácticamente un líder de la comunidad y, además, tiene una esposa (Tatiana Astengo) que está esperando a su primer hijo. Cuando Santiago muere de manera repentina, la situación empezará a complicarse para el pescador por las constantes apariciones del fantasma y por los chismes que poco a poco irán surgiendo entre los habitantes.
Como primer punto a favor, Fuentes-León concibe su historia en tres niveles que se diferencian claramente: personal, comunitario y universal, los cuales -conforme avanza la película- se irán fusionando para convertir el amor prohibido en una acción de aceptación y redención, enmarcado por los rituales domingueros y mortuorios arraigados en el anónimo pueblo costero.
En el plano romántico, CONTRACORRIENTE demuestra sus deficiencias que se deben -en su mayoría- al desempeño de Manolo Cardona y Cristian Mercado. Este último, que lleva a cuestas el peso de toda la película, nunca convence como pescador más allá de su apariencia física y un acento que se torna demasiado impostado.
La parte más interesante de todo este conjunto cae en la concepción del mar, no sólo como el elemento sagrado que da la vida y permite el sustento de toda una comunidad, sino también como el ente que se lleva los pecados que la gente comete en tierra y la reconcilia consigo misma, para volver a iniciar un nuevo ciclo que -en el caso de Miguel- tiene un futuro completamente incierto.

De este modo, CONTRACORRIENTE es el primer paso de Javier Fuentes-León para convertirse, después de Claudia Llosa, en un referente de la nueva era del cine peruano y, viéndolo por este lado, su elección como representante peruana en la próxima edición del Óscar no es gratuita. Pero para la próxima, tendrá que superar el sabor de telenovela resumida en poco más de dos horas.
Mi calificación: 7.1 de 10
Difícil resumir el argumento de esta cinta sin caer en adelantos, pero aquí va. Cobb (Leonardo DiCaprio) es un tipo especializado en lo que se podría llamar "robo de ideas", acción que consiste en ingresar a la mente de una persona durante el sueño para obtener información que, conscientemente, esta no sería capaz de divulgar. Sin embargo, Cobb y su compañero Arthur (Joseph Gordon-Levitt) recibirán un encargo que pondrá a prueba sus capacidades: ingresar a la mente de Robert Fischer (Cillian Murphy), el hijo de un poderoso empresario, para implantar una idea que acabe con el imperio que construyó su padre. Y a esta misión se unirán Ariadne (Ellen Page), una estudiante de arquitectura, y más personas que buscarán una jugosa recompensa a pesar del riesgo.
El mago detrás de este milagro es David Slade, director que hace cinco años se encargó de ponernos los pelos de punta con Niña mala y que decepcionó en 2008 con 30 días de noche. Esta vez se le recibe el encargo de llevar a la pantalla grande Eclipse, episodio en el que sigue la sucesión de miradas, mimos y dudas entre el triángulo amoroso conformado por Bella, el vampiro Edward y el licántropo Jacob, esta vez sazonado por unos misteriosos asesinatos que pondrían en peligro la vida de la doncella y el forzado pacto entre las dos criaturas enemigas en pos de protegerla.
En términos cinematográficos, se puede decir que Eclipse es un gran adelanto dentro de la saga, aunque se mantiene en el nivel mediocre de sus dos predecesoras. En pocas palabras, es un reflejo de la patética y desaliñada Bella: indecisa entre quedarse atrapada en un clima de frío espectral o entregarse al calor propiamente humano.
Dejando de lado la hazaña, que nos permite ver la película en toda su extensión y con subtítulos en inglés, toca revisar sus méritos. Y vaya que no son pocas las sorpresas que esconde La caleta para ser considerado uno de los mejores y más arriesgados documentales que se hayan rodado en los últimos diez años. Louie Psihoyos, experimentado fotógrafo de la National Geographic, entra con el pie derecho al mundo cinematográfico en un terreno ya conocido pero al que dota de una nueva perspectiva, tomando como punto de partida un tema polémico: la caza ilegal de delfines en el sur de Japón y la posterior venta de su carne -no apta para el consumo humano- en supermercados.
El gran mérito de La caleta es abordar la problemática de una manera que el espectador puede apropiarse y sentir como propia la turbulencia que poco a poco se va revelando de una manera angustiosa y asfixiante. Para ello, Psihoyos no sólo se vale del testimonio de activistas o encuestas a gente común, sino de un trabajo milimétrico comparable con misiones de inteligencia militar para ofrecer una realidad chocante cuyos involucrados se esfuerzan en ocultar.
En esta parte quizás muchos calificarán a este filme de sensacionalista, pero justo aquí es donde el director luce su pericia como fotógrafo, con imágenes cargadas de un dramatismo que no sólo se limita a paisajes desolados, activistas maltratados, cazadores energúmenos o ciudadanos engañados, sino la bárbara matanza de la que son objeto los delfines en lo que se supone es una reserva natural.
De esta manera, La caleta es un triunfo no sólo por el debate que ha generado en Japón, sino por el riesgo de insertar con éxito elementos propios del cine de suspenso y horror para dejar abierta una gama infinita de posibilidades estéticas y narrativas que se pueden aplicar al género. Un documental altamente recomendado.
De la mano de Lee Unkrich, quien por primera vez asume la dirección de una película de Pixar, nos llega Toy Story 3, relato que a pesar de mantener a la mayor parte de sus personajes no muestra señales de desgaste ni agotamiento. Al contrario, el paso del tiempo -once años para ser específicos- ha jugado a favor de esta película.
La historia nos trae una vez más a Woody, Buzz y compañía para enfrentar un hecho que escapa de sus manos: el pequeño Andy es ahora un adulto y debe ir a la universidad... sin juguetes. En plena mudanza, los destinos de los compañeros de infancia del muchacho empiezan a tomar rumbos distintos cuando éste elige llevarse a Woody a la universidad y dejar a los demás en el ático. Sin embargo, algunas confusiones harán que todos terminen en Sunnyside, una guardería en la que son recibidos por otros juguetes comandados por Lotso, un oso cariñoso que no está dispuesto a compartir con los nuevos el amor de sus dueños temporales.
Lo que más resalta en Toy Story 3 es el tratamiento que se ha dado al argumento que es tan entretenido y colorido como nostálgico y sombrío. A diferencia de las dos películas anteriores en las que prevalecían la comedia pura y el tono infantil, en esta tercera entrega encontraremos madurez y una mezcla de géneros cinematográficos que van desde el drama hasta el horror.
El gran mérito se encuentra en un guión bien planificado y en los personajes que están bien trabajados en su aspecto físico, sus gestos y su personalidad. Así encontraremos que el mal lo encarnan los juguetes que se supone derrochan ternura: un oso fucsia que esconde sus oscuras intenciones adoptando el rol de un patriarca y un bebé que, por momentos, se vuelve más aterrador que Frankenstein.
Otro de los aspectos que llaman la atención es el doble sentido respecto a la sexualidad de Ken quien, junto a Barbie, protagoniza las partes más hilarantes de este entrañable episodio. Y a ellos agregamos otros personajes que, a pesar de no tener mucho tiempo en la pantalla, logran dar en el blanco y contribuyen al desarrollo del relato.
Con los actos heroicos del Señor Cara de Papa, el cambio de personalidad de Buzz, los maquiavélicos planes de Lotso, la terquedad de Woody y un mudo homenaje a Hayao Miyazaki con la presencia de Totoro, Pixar termina con maestría la saga que la hizo conocida. Pero no lo hace de cualquier manera, sino regalándonos un hermoso y conmovedor cuento sobre la evolución de la amistad y el poder que tiene ésta para sobrevivir al tiempo y al espacio. Inolvidable.
Sin embargo, la primera película de Sexo en la ciudad no fue lo mismo a pesar de que el director Michael Patrick King -quien había llevado la batuta en diez capítulos de la serie-conservó al elenco protagonista. No parecía un episodio más, sino uno mal hecho.
Sexo en la Ciudad 2 funciona únicamente como una pasarela para exhibir los variados diseños de Patricia Field, la encargada del vestuario. En pocas palabras, es una buena opción para que las chicas se inspiren minutos antes de hacer shopping. Por lo demás, es totalmente prescindible.



Ridley Scott sacrifica demasiado en su intento de hacer de Robin Hood una película seria y realista, porque al final no consigue la verosimilitud que busca y, lo que es peor, muchas veces opaca a su protagonista a tal punto que se tiene la sensación de que es un personaje secundario. La gran diferencia de esta película con la sobrevalorada Gladiador, es que aquí sí hay un final abierto -con posibilidad de secuela- y sobre todo feliz... aunque parezca que el director jugó tiro al blanco con Robin.
Mi calificación: 5.5 de 10



Y dos años después llega Iron Man 2, la esperada secuela en la que Jon Favreau narra las consecuencias de las acciones heroicas del multimillonario Tony Stark, sobre todo después de revelar la identidad de Iron Man. Paz mundial, portadas de revistas, entrevistas y apariciones son la cara buena de la moneda; pero por otro lado, Stark tendrá que enfrentar al gobierno que quiere apoderarse del traje, a su deplorable estado físico y a su excéntrica personalidad. Por si eso fuera poco, la aparición de un nuevo villano y el auspicio que éste tiene por parte de la competencia complicarán su situación y pondrán en duda su papel de héroe ante los ojos del público.


Si bien el argumento es llamativo, su desarrollo se entorpece por las idas y venidas de un guión que brinda más detalles a la infinidad de elementos fantásticos que a sus personajes. Así veremos que la historia de Parnassus y su lucha por no perder a su hija se ven opacadas por el misterio de Tony, el personaje interpretado por cuatro actores, y que a su vez sucumbe ante los escenarios surrealistas que nacen detrás del espejo.
El filme en sí es una sucesión de imágenes que plasman la locura e inacabable creatividad de Gilliam y que, si hacemos una retrospectiva de la obra del realizador, encontraremos que El Imaginario Mundo del Doctor Parnassus podría ser la secuela de la delirante Las Aventuras del Barón Munchausen, película que en términos estéticos es su hermana.
Lo mejor de esta nueva aventura es la presencia de Heath Ledger, actor que seguramente nos estaría regalando buenas interpretaciones si siguiera vivo y que en el metraje es "homenajeado" por Johnny Depp y Colin Farrell (no menciono a Jude Law porque simplemente estaba sobrando). Christopher Plummer en el papel del Doctor Parnassus ofrece una actuación correcta, pero no lo suficientemente fuerte para sobresalir junto al resto del reparto.

De esta manera, El Imaginario Mundo del Doctor Parnassus se erige como un lienzo en el que se pinta un laberinto visualmente exquisito con un recorrido absurdo y caleidoscópico, pero que no tiene armonía con su final demasiado "lógico" y a la vez complaciente. ¿En qué rincón del espejo mágico se perdió el Terry Gilliam de Monthy Python, Brazil y 12 monos?